miércoles, 13 de marzo de 2013

UN MERECIDO HOMENAJE A DOS GRANDES MAESTROS DEL I.S.F.T.N 182.


EXTRAÍDO DEL LIBRO ; " I. S.F.T.N 182" BODAS DE PLATA.
En veinticinco años de vida de una institución, son muchas las personas que desfilan por sus aulas y pasillos, docentes, administrativos, estudiantes, egresados y directivos. Afortunadamente, muchos permanecen actualmente en nuestro Instituto, y podemos verlos día a día cumpliendo con su labor. La vida condujo a algunos por otros caminos; y otros ya no están con nosotros, pero permanecerán siempre en nuestros corazones.
Es grato dejarnos llevar por los recuerdos. Dejar volar la imaginación para volverlos a ver a cada uno de ellos en la rutina laboral de aquellos tiempos, abocados a la tarea de construir su propio futuro y el de cientos de estudiantes.
Aquí nos detenemos para evocar a quien se destacó como una de las personalidades más estimadas y respetadas de nuestro Instituto, el profesor Delfor Candia Marc.
¿Quién fue esta emblemática figura? ¿Por qué su huella quedó plasmada en todos y cada uno de los que transitaron por este Instituto? La respuesta a estos interrogantes se sintetiza en estas cualidades: ejemplar profesional y bondadoso ser humano, brillante en lo académico, y humilde al mismo tiempo.
Nacido en Paraguay, decidió adquirir la nacionalidad argentina para poder ejercer como maestro en nuestro país, eligiendo así, dedicar su vida a formar alumnos probos en todos los órdenes de la vida.
Como ha expresado Jacques Delors “el maestro en su quehacer docente debe estimular en los educandos el aprender a conocer, comprendiendo el mundo que lo rodea para vivir con dignidad, desarrollar sus capacidades profesionales y comunicarse con los demás…contribuir al desarrollo integral de cada persona: cuerpo y mente, inteligencia, sensibilidad, sentido estético, responsabilidad individual y espiritualidad…”1. Para poder llevar a cabo semejante tarea, es necesario poseer una marcada vocación por la enseñanza, aptitud que siempre caracterizó a este ilustre caballero. Fue esa misma vocación la que lo impulsó a recibirse de profesor de Castellano, Literatura y Latín en el Instituto Superior Joaquín V. González, así como a cursar la Licenciatura en Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires, carrera que por circunstancias personales debió dejar inconclusa, pero que retomaría luego, egresando a los 72 años de edad, en una muestra más de su insaciable búsqueda del conocimiento.
Su brillante trayectoria y su desempeño académico son dignos de ser destacados y reconocidos. Se inició como profesor de Latín en la Universidad de Catamarca, pasando luego por el histórico Colegio Nacional de Buenos Aires, llegando a ejercer como profesor de Letras en la prestigiosa Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini.
Pero como todo ello no resultaba suficiente para colmar su pasión por la docencia y su vocación humanística, emprendió luego su labor como directivo, iniciándose en el cargo de vicedirector del Colegio Nacional de San Miguel. Fue el promotor de la creación de la Escuela Nacional de Comercio Juana Manso y nombrado primer director, permaneciendo en ese cargo por dieciocho años. Desde allí dio impulso a una mística educativa basada en la promoción de la cultura y su generoso deseo de compartir el saber. Con tanto fervor logró ubicar a este establecimiento entre los más prestigiosos de todo el Partido.
En sus últimos años de labor docente, se desempeñó como profesor de Literatura en la carrera de Bibliotecología, en el Instituto Superior de Formación Docente y Técnica N° 42, y cuando la misma fue trasladada al ISFT N° 182, continuó dictando clases hasta pocos meses antes de su fallecimiento.
En San Miguel se lo recuerda como destacado profesional, como una figura emblemática que trascendió los muros de nuestro Instituto, participando activamente en la vida cultural del municipio, donde una vasta cantidad de sus habitantes fueron alguna vez sus alumnos o compañeros docentes.
Hombre de firmes convicciones, nunca abandonó sus ideales, más allá de haber transitado épocas oscuras y de opresión, en las que tener un pensamiento independiente no era tolerado, convirtiéndose de esta manera en un referente para todos.
Podemos decir que tuvo una vida intensa, de participación y compromiso con la educación pública. Si nos detenemos un momento para pensar, nos damos cuenta que la palabra profesor viene de la voz profesar, o sea, “ejercer una ciencia, arte u oficio”, y también “ejercer algo con inclinación voluntaria y continuación en ello” 2. Sin dudas, el profesor Candia Marc se dedicó de manera total a su vocación.
Falleció en el año 2008, a la edad de 93 años.
En la reunión del CAI del día 12 de junio del mismo año se trata la propuesta del profesor Ricardo Alberto Cruz sobre la asignación del nombre a la biblioteca institucional, proponiendo el del profesor Delfor Candia Marc, recientemente fallecido por ser un emblema tanto dentro como fuera de la institución. La propuesta es aceptada por unanimidad por todos los miembros.
La biblioteca pasaría a tomar el nombre del tan querido profesor a partir del 17 de septiembre de 2008. Ninguna otra fecha hubiera sido más oportuna, ya que ese día se conmemora el fallecimiento de José Manuel Estrada. En su figura se destaca la firmeza ética, la claridad de sus ideas y el fervor para comunicarlas y sostenerlas.
Hasta último momento dio todo por la educación. Según nos cuenta el profesor Ricardo Cruz, “Delfor Candia Marc se descompuso dando clases en el instituto, se recuperó y fue trasladado a su domicilio por su hija, a los pocos días sufrió una recaída de la cual no logró sobreponerse. Propuse el nombre en reconocimiento a su trayectoria en el instituto” nos cuenta el profesor de Historia con sus ojos llorosos.
Para honrar su memoria, nada mejor que referirnos a él con una frase que alguna vez ha citado el famoso dramaturgo y poeta alemán Bertolt Friedrich Brecht, que lo refleja como el luchador que fue, tanto desde la perspectiva profesional, como desde lo humano: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.”


Pero al rendir honor a todos aquéllos que ya no están con nosotros, resulta imperioso dedicarle cálidas palabras a quien tanto nos brindó.
Allá por fines de agosto de 1998, se presentó una noche la bibliotecaria Gloria Rollan, designada por Secretaría de Inspección.
Grande fue la sorpresa para todos, pues aún no contaba el Instituto con una biblioteca. Para remediar este hecho, se decidió que la mejor manera de reunir material era solicitando a cada uno de los alumnos ingresantes en el ciclo 1999 (año en que comenzaba a dictarse la carrera de Bibliotecología en nuestro Instituto), un libro a modo de donación. También se les solicitó a todos aquellos que integraban el cuerpo docente que aportaran toda la bibliografía que les resultara posible. De esta manera, Gloria Rollan se iniciaba en sus funciones, ocupando un modesto espacio en la biblioteca que pertenecía a la Escuela Primaria N° 26.
En la búsqueda de una formación académica que le permitiera una sólida actuación profesional, había obtenido su título de bibliotecaria en la Biblioteca Nacional, recibiéndose años más tarde de Licenciada en Psicología en la Universidad de Buenos Aires, ambas instituciones de gran prestigio y autoridad.
Gloria también tiene su corazón al servicio de la vocación docente. Es así que comienza a desempeñarse como tal en la carrera de Bibliotecología; en abril de 1999 toma el cargo de Profesora de Introducción a la Bibliotecología; un año más tarde dicta la materia de Bibliografía de segundo año; y en el 2001 Prácticas de primer año.
En el año 2003 se presenta a concurso para cubrir varios cargos, por lo que en el mes de junio se pone al frente de las materias Formación de Usuarios y Comunicación II, ambas de tercer año de la carrera. En septiembre de ese mismo año, cubre los cargos de Profesora de Administración de las Unidades de Información de segundo año, y Fuentes y Servicios de Información II; y un mes más tarde se halla al frente de las materias de Planeamiento y Proyectos de Servicios de Información.
Ejerce su labor bibliotecaria en el Instituto hasta fines del año 2003, instancia en que debe dejar su cargo, al asumir como titular la Sra. Elisa González Albarracín.
En el año 2005 es nombrada bibliotecaria en la Extensión Tigre de nuestro Instituto, lugar que ocupa durante dos años, y que es su último destino laboral.
Tristemente en el año 2008, Gloria Rollan se marcha de este mundo, dejando un hondo desconsuelo en los corazones de aquellos que la conocieron y al mismo tiempo, el grato recuerdo de los cálidos momentos compartidos.


GENTILEZA DE LA DOCTORA JIMENA VILCHES , AUTORA DEL TEXTO.


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